99+1

Lucas 15:1-7 RVR 1960

15 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. 3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

99+1

Para algunos de nosotros perder una oveja no sería tan relevante, cuando tenemos 99 aseguradas. Pero para Jesús, esa oveja valía aún más que las noventa y nueve juntas. ¿Por qué? Jesus veía el valor de uno, no era que tenía otras más con que reemplazar a la perdida, es porque esa única valía la pena ir a buscarla. Porque las restantes estaban bajo su cuidado, pero una estaba vulnerable, desconocía los peligros que podría enfrentar. Más allá de los números, el valor de una oveja perdida nos debe recordar el valor de uno. Un mensaje, una llamada, un pequeño gesto, puede ser lo que Dios use para traer alguien de regreso.

Seamos 1+1 Alguien que fue encontrado, orando, intercediendo, accionando por un perdido.

Una y otra vez: Él nos Ama

Después de ciertos años de saber que somos hijos de Dios, podemos restarle importancia a su amor. Suena un poco extraño, pero lo que trato de explicar, es que podemos empezar a vivir sin ser consientes diariamente que Dios nos sigue amando tan intensamente como el primer día que nos acercamos a él.

Asumimos que nos tiene que ir como deseamos en todo, porque somos sus hijos. Que nuestras oraciones van directo a la lista de prioridades de Dios, porque nos “hemos ganado” ese derecho luego de tantos años. Claramente, no somos merecedores. El reino de los cielos funciona por su amor, no por nuestros méritos o nuestras obras.

La única manera de entender su amor, es sabiendo que cada día está lleno de gracia y misericordia. Hay días que podemos sentirnos muy amados por los detalles que recibimos, pero los otros días, seguimos siendo amados, no según nuestra perspectiva, sino el sacrificio que Jesús pagó, de una vez y para siempre.

Efesios 3:18-19 NTV

Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios.

Pura Gracia.

¿Cuándo fue la última vez que recordaste quien eras antes de Jesús?

¿Recuerdas tus primeros meses en tu vida cristiana?

¿Somos verdaderamente conscientes de la gracia de Dios en nuestra vida?

Quizás tengas los recuerdos muy presentes en tu vida, o tal vez, olvidaste ese primer día, como llegaste, como te sentiste. En nuestro caminar con Dios, podemos dejar de lado detalles importantes, quizás porque consideramos que ya estamos en otros tiempos o porque consideramos más relevantes otras etapas.

No podemos acostumbrarnos a su perdón, no podemos bajarle el valor a su gracia, cada día, recibimos nuevas misericordias, personalmente no creo que estas misericordias sucedan en automático, como el pago mensual de una suscripción de streaming, que simplemente sucede y ya está cronometrado. Su gracia es la porción que Dios determina cada día para lograr vencer la tentación, para recibir su pronto socorro o para ser levantados cuando estamos en el suelo. Sus misericordias, no son dadas de manera automática, son el regalo necesario cada día para continuar.

Cuando nadie daba algo por nosotros, él dio su vida

Cuando perecíamos en el suelo de las circunstancias, él nos dio propósito

Cuando no teníamos más fuerzas, él nos dio las suyas

Romanos 9:25 -26

25 Como también en Oseas dice:

Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo,

Y a la no amada, amada.

26 Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío,

Allí serán llamados hijos del Dios viviente.

La Cosecha del Fracaso

¿Cuantos hemos fallado?

¿Cómo nos sentimos cuando fallamos en algo?

¿Saldrá algo positivo de fallar?

Muchas veces vemos los errores o las fallas que cometemos como lo peor que nos puede suceder, pensamos que perderemos credibilidad o imagen ante las demás personas, nos enfocamos mucho en como seremos vistos después de haber fallado. Es importante analizar por qué vienen estos pensamientos, si nuestro miedo a fallar es producido por el que dirán otros, podemos estar conduciendo nuestra vida por los comentarios que otros hacen y no por lo que Dios piensa de nosotros. Esto puede dejar en descubierto que mi enfoque es hacia los otros, no hacia Dios. Extrañamente Dios conoce nuestra condición, sabe que somos polvo. Según dice Salmos 103:14: Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

¿No es increíble? Nos enfocamos por cumplir con la expectativa de “no fracaso” con otros, pero el Dios que nos creo sabe nuestra verdadera condición.

El fracaso no tiene como propósito vencernos, es parte de los distintos procesos que vivimos en la vida. Para aprender a hacer algo bien, requiere sumar conocimientos y ponerlos en práctica. Y ese conocimiento necesario algunas veces será sustentado por nuestros fracasos.

Eclesiastés 3, nos recuerda que todo tiene su momento oportuno. El fracaso es un momento oportuno para aprender y para crecer.

Muchas mujeres y hombres de Dios fracasaron, pero su historia no acabo ahí. Se enfocaron en su propósito eterno, no en los comentarios de otros. Vemos un David, siendo parte del linaje del Salvador del mundo, un Pablo con un pasado sangriento, ser un instrumento para el mundo entero, los personajes continúan.

¿Qué harás con tus fracasos?

Y aunque tu principio haya sido pequeño,

Tu postrer estado será muy grande.

Job 8:7

Apariencias

Vivimos en un mundo gobernado por el consumismo, un consumismo que es alimentado por el deseo humano de aparentar. Vemos que muchas marcas de ropa, de carros, zonas geográficas, entre otros tienen cierta etiqueta. Nos dicen que si utilizamos sus productos o servicios nos veremos más ostentosos o con una vida “abundante”. Pero detrás de esto, podemos estar cubriendo vacíos emociones, deudas y sufrimiento. Hemos adoptado el concepto de que cantidad material, está relacionada con bienestar. Dice un dicho: apariencias vemos, deudas no sabemos.

Sostener las apariencias tiene un costo muy alto. Es pretender un estilo de vida, que no podemos costear en ocasiones, esto nos genera estrés, depresión, ansiedad e incluso problemas económicos bastante difíciles.

¿Cómo saber si le estoy dando un alto valor a las apariencias en mi corazón?

Pongamos atención a lo que sale de nuestra boca. Usualmente usamos el siguiente versículo para otras personas, pero también aplica para nosotros mismos.

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. Lucas 6:45

¿Cómo están mis frutos?

¿Me estoy esforzando para mostrar a otros cierto status social?

¿Cuál es el propósito detrás mi esfuerzo? ¿Mostrar a otros mis bienes?

Jesus dijo:

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Mateo 7:16

Si estamos sembrando para mantener una apariencia, los frutos serán vacíos. Es como cuando nos venden un producto maravilloso en un comercial, pero al comprarlo, no era como lo anunciado.

¡Que nuestro corazón este en Jesús!

Echando todo.

Unos de los versículos que pienso que ayudan mucho siempre, aunque claramente todos ayudan, pero me parece que el que nos da un recordatorio oportuno en medio de los tiempos que vivimos es:

 …echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:7.

¡Que acertado! Si en los tiempos que el autor del libro, no existían las redes sociales, las estrategias de mercadeo tan convincentes, las tarjetas de crédito y otras cosas más, podemos pensar que sus tiempos eran sencillos, en comparación con los nuestros. Pero me parece que el concepto es el mismo, dedicar nuestras fuerzas a cosas que no podemos controlar, pensar en cosas que aun no suceden, entre otras cosas más que nos pueden generar ansiedad.

Personalmente algo que me genera ansiedad son los cambios, el saber que me enfrentare a algo desconocido, el desconocer si actuare según lo esperado o no. En medio de todo esto, encuentro refugio en esta palabra. Echar, entregar, depositar todo aquello que me genera ansiedad a Dios, porque hay alguien que tiene control de todo. Él si conoce mi futuro y tiene planes genuinos de bienestar para mi vida. No conozco lo por venir, hay miles de cosas que se escapan de mi control, pero si conozco al Dios que me ha cuidado en medio de otras circunstancias y puedo confiar que su interés y cuidado por mí son reales.

Lo que me preocupa, está en sus manos.  

Mi futuro está en sus manos.

Mi vida desde siempre ha sido cuidada por él.

¿Se acaba la ansiedad? No lo sé, pero cuando toque la puerta podemos enfocarnos en esta palabra de cuidado de Dios.

Te recomiendo esta canción que ministra mi corazón, espero que haga lo mismo contigo.

Prioridades

Estos días es muy común escuchar sobre resoluciones de año nuevo, metas, proyectos, entre otros. Y esta bien si aún no hemos dedicado el tiempo para planear esto. Lo importante no es tener muchas metas, pero si prioridades claras.

Son nuestras prioridades las que deben tomar importancia, una prioridad es lo que nos ayudara a cumplir con nuestros objetivos.

Si le estamos dedicando más tiempo a una actividad que no se alinea con nuestros objetivos, posiblemente el objetivo pasara a segundo plano y por ende no se alcanzara.

Proverbios 21:5 NVI

Los planes bien pensados: ¡pura ganancia!
    Los planes apresurados: ¡puro fracaso!

Obediencia=Seguridad

Obedecer no es sencillo, porque significa confiar en la instrucción u orden dada por otro, pero esto no deberia hacernos sentir inseguros cuando se trata de obedecer a Dios. Sabemos que cuando le hacemos caso a sus instrucciones actuaremos con seguridad no con incertidumbre…

…bueno quizas un poquito menos de inseguridad. Su palabra es segura, esto nos permite descansar, sabiendo que su guia es la decision correcta.

Nuestra obediencia, nos alimenta de su seguridad.

Fe Domesticada

En ocasiones podemos pensar que debemos ajustarnos a nuestras circunstancias y que nuestra fe también debe ser ajustada, que no puede ir más allá de nuestra condición actual. Sin embargo, vemos las historias de hombres y mujeres que rompieron lo usual para conseguir grandes cosas, su situación les decía que no lograrían alcanzar la tierra prometida, que nunca serian padres o que un asesino nunca llegaría a ser un gran apóstol.

Muchas veces domesticamos nuestra fe, para que nos dé frutos hasta cierto nivel, porque si superamos ese punto, sería demasiado riesgo, quizás sería algo muy osado de hacer.

Te quiero contar que tu fe es el puente para que Dios haga cosas maravillosas a tu alrededor. Cuando se trata de creer en que Dios puede hacer algún milagro único y sorprende no debe existir limite. El negocio de Dios es la fe, no dejes que las situaciones de hoy, comentarios o pensamientos encierren el poder de Dios hasta cierto punto.

Él se ha especializado a lo largo de los años, en superar circunstancias.

Efesios 3:20

Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros.

Confiando en la Oscuridad.

Confiar en otros nunca es fácil, siempre exigimos que esas personas nos demuestren que son confiables para nosotros, esto porque en algún momento fuimos traicionados. En cierto punto debemos cuidar nuestro corazón, no podemos abrirnos de manera inmediata, pero siempre es necesario construir relaciones que generen esa confianza mutua.

Si confiar no es sencillo, imagínate confiar a oscuras, poner la confianza en alguien para que nos guie en medio de la oscuridad. “Dios sigue siendo confiable”. Esa es una frase que siempre dice mi pastor. Es una realidad, pero para nosotros. ¿Es una realidad?

Cuando estamos en un momento de oscuridad preferimos depositar nuestra confianza en nuestra experiencia o en nuestros instintos, pero ambas nos pueden generar problemas y confusión, lo que terminara en desconfianza en nosotros mismos.

Dios es aquella persona que hará algo, al depositar nuestra confianza en él, pero debemos prestar atención a su voz, en medio de la oscuridad.

Jeremías 17:9Reina-Valera 1960

9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?

2 Corintios 5:7Reina-Valera 1960

7 …porque por fe andamos, no por vista…

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