La Ocasión Especial

Hoy es un día que deberíamos celebrar, es un motivo de celebración para mí y para ti, ¿Por qué?

Usualmente celebramos las fechas que cumplimos años, o aquellas que tienen un significado importante para nosotros. Pero este es un día especial que nunca más lo repetirás en tu vida y esto es motivo suficiente para vivir con agradecimiento, en ocasiones esperamos un día especial para agradecer y dejar de lado un poco la tristeza o cargas que nos han estado consumiendo. Para algunos el día especial puede ser los viernes, los feriados o alguna otra fecha.

¿Pero qué pasaría si hacemos de cada día un día para agradecer por la bendición de vivir?

Somos más que bendecidos, al tener alimento, trabajo, una familia, y muchas cosas más.

Podemos vivir este regalo de un día más llenos de temores y preocupaciones, o vivir confiando que el Dios que nos ayudó ayer, también lo hará hoy. Porque es el mismo.

Filipenses 4:6-7 NTV

No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.

Se Llama Gracia

Con el paso del tiempo, podemos llegar a creer que somos extremadamente buenos que mereceremos las cosas, en los peores casos, hasta juzgamos a otros, porque ahora nos sentimos superiores, pero no vamos a profundizar mucho en el tema, ya que eso debería ser en otra publicación. Retomando, cuando hemos decidido buscar a Dios y acumulamos varios años, puede ser que también acumulemos un poco de ego. Parte de la razón de ser de este blog, es meditar un poco.

Así que pensemos por un momento: ¿Quién era yo antes de conocer o acercarme a Dios?

A veces las “obras como creyentes”, o las tareas de la comunidad o iglesia, el servicio voluntario que ofreces a cualquier organización, puede hacer que entre tantas actividades olvidemos el porqué.

Dios no nos ama por el servicio que le damos a otros, por el dinero para financiar proyectos o el tiempo que inviertes en buscarlo. El simplemente nos ama de una manera que no podemos imaginar, porque nos creó para su gloria. Así como un padre se deleita en su hijo deseado, él lo hace con nosotros.

Quiero recordarte que no merecíamos nada, nada de Dios, pero por su gracia, nos llenó de todo, por su gracia lo entrego todo, sin conocer si responderíamos con agradecimiento o no, por amor.

No te esfuerces por querer ganarte algo que ya tienes, el amor y gracia de Dios.

Juan 3:16 … de tal manera amó Dios a (tu nombre) que dio lo más importante para él.  

Léelo de nuevo.

Te invito a escuchar la siguiente canción!

Semillas de Esfuerzo

A veces la vida se puede comparar con la rutina de un agricultor, que prepara la tierra para luego sembrar las semillas que, en un presente o futuro, se convertirán en cosecha.

Trata con cuidado las semillas, cuida el proceso de siembra, pero también vela por el crecimiento de estas semillas, aun cuando están no son visibles, con fe las riega, esperando pronto ver como el esfuerzo invertido, se convertirá en una pequeña planta, que también tendrá que cuidar para dar fruto a su tiempo.

Esta pequeña ilustración refleja nuestros pequeños esfuerzos, ya sea en el área profesional, espiritual o financiera. Para el agricultor, cada pequeña acción cuenta. Puede ser que has estado en proceso de siembra durante muchos años, pero pronto vendrá esa cosecha que estas esperando, sigue sembrando y cuidando de los pequeños esfuerzos que haces, porque te llevaran a recibir grandes frutos.

Proverbios 14:23.

Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.

El Poder de una decisión.

Lo que hoy estamos viviendo, en gran parte es el resultado de nuestras decisiones, algunas circunstancias sucedieron simplemente sin ninguna intervención nuestra, pero el tema central, tiene que ver con aquello que si fuimos nosotros quienes tomamos el mando.

Al día el ser humano toma alrededor de 35.000 decisiones, la mayoría de ellas de manera automática. Imagínate, podemos pensar que solo tomamos unas cuantas decisiones relevantes al día, pero no es así. Cada decisión cuenta, desde que elegimos que comer, si hacemos ejercicio o no, entre otras cosas, esto rige nuestra vida. Mis decisiones de hoy tendrán un impacto mañana, no podemos hacer algo sin que produzca una reacción, esto nos afectara positivamente o no, a nosotros mismos y a otros.

Lo importante aquí, es que parámetro uso para elegir, ¿estarán siendo mis decisiones las más acertadas? ¿Qué motivó mi decisión?

Podría ser que estamos girando en un círculo, porque estamos en un patrón de decisiones, y esto no cambiara, hasta que cambiemos nuestros pensamientos.

Para iniciar un cambio, debemos buscar mejorar nuestras creencias y en algunos casos pedir ayudar para renovar nuestros pensamientos.

Cuando Dios nos acepta como sus hijos nos pide renovar nuestra mente, para ser capaces de vivir de acuerdo a la realidad que él tiene para nosotros.

Salmo 25:4,5,9

Señor, muéstrame Tus caminos; guíame por Tus senderos; guíame, encamíname en Tu verdad, pues Tú eres mi Dios y Salvador. ¡En Ti confío a todas horas!  [El Señor] guía por su camino a los humildes; ¡los instruye en la justicia!

Romanos 12:2

2 Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.

Falsas Creencias

Advertencia: Este post no es para criticar religiones, personas o movimientos de algún tipo, es para cuestionarnos nosotros mismos.

En este blog tengo otro post que habla sobre el éxito, como una definición que cada persona determina, desde su realidad, al menos eso considero que debería ser. Lamentablemente nos han mentalizado que el concepto es otro, porque eso nos dictan las redes sociales o la televisión.

Hay muchos conceptos que guardamos en nuestra mente y los hemos aceptado como verdades en nuestra mente, pero en realidad, son creencias falsas. ¿Falsas? ¡Sí!, te invito a hacer un ejercicio en este momento. Define éxito en tu mente, ¿esa definición fue dada por otras personas, es propia o es dada por Dios? De este mismo modo, podemos analizar propósito, plenitud o felicidad. Lo que sucede es que vivimos siguiendo conceptos de otros, que aceptamos sin cuestionarlos sin revisar si son correctos o no. ¿Será que estos conceptos nos están llevando hacia el plan de Dios? ¿Cumplir con estos conceptos o parámetros nos genera una vida abundante?

Recuerdo al apóstol Pablo hablando sobre el contentamiento, ¡que mentalidad más extraña!

Seguimos conceptos ajenos a nosotros mismos y, peor aún ajenos a Dios. Vivimos en un mundo lleno de vanidades, porque en ocasiones perseguimos algo que no está asegurado.

Crecemos bajo conceptos prestados, idealizando una realidad que unos cuantos dicen haber alcanzado.

¿Por qué la gente “exitosa” se llena de cosas extravagantes?

Porque le sobra el dinero podemos pensar. ¿Entonces porque adquirir más cuando ya se llegó a la “cima”? ¿Acaso el éxito no fue suficiente?

Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Eclesiastés 1:2.

Oración Sin Censura

“La oración es simplemente una conversación de dos vías, entre usted y Dios” – Billy Graham

Cuando pensamos sobre la oración pueden venir recuerdos de oraciones respondidas, enseñanzas sobre cómo lograr efectividad, entre otros pensamientos más.

Podemos recordar a Jesús cuando enseña a los discípulos a orar el padre nuestro, escuchamos esa oración y pensamos que debemos seguir un guion, tomar cierta postura física o saber mucho sobre la Biblia para ser escuchado, aunque es cierto que la palabra de Dios sustenta nuestra oración, el ingrediente principal que Dios desea, es nuestro corazón. Y se nos olvida que la oración es más allá que repetir oraciones muy preparadas, podemos pensar que el poder de la oración está en las palabras, pero en realidad radica en el corazón que las pronuncia.

¿Cuándo fue la última vez que en realidad desnudamos nuestro corazón a Dios? Que, sin importar los juicios de nuestra mente, le expusimos nuestras verdaderas preocupaciones.

Te invito a reservar en tu tiempo de oración unos minutos para guardar silencio y escuchar, simplemente escuchar lo que anda merodeando tu mente y corazón, por supuesto escuchar a Dios también.

Máximo Cuidado

¿Cuál es la ciudad más protegida en el mundo? ¿Cuál es la persona más resguardada? ¿Quién es el ser más poderoso del planeta?

Se nos pueden ocurrir varios nombres en nuestra mente, vivimos en una época donde todos buscamos la seguridad y mantenernos lejos del peligro mientras caminamos, cuando viajamos en el autobús o incluso en nuestra propia casa, buscamos defender nuestras “pertenencias” y seres queridos y no es algo malo, para nada.

Te hago otra pregunta, ¿Qué tan seguro te sientes en este momento? En nuestros países latinoamericanos, hay altos niveles de delincuencia, corrupción en la política y para sumarle, una lucha con un virus bastante meticuloso. Podemos pensar si en realidad podemos sentirnos seguros o si esto es una utopía.

¿Qué nos dice Dios sobre la seguridad para los que confiamos en él? Seguimos viviendo en el mundo donde todo esto es una realidad, pero, Dios puede resguardarnos de toda situación.

He estado varias veces al borde de caer en el hoyo de la muerte, pero él me ha rescatado. Al punto que quiero llegar, es que debes saber que para Dios eres sumamente valioso. Que Dios tiene cuidado de tu vida y tu familia. Hay un cuidado máximo e intenso de Dios para ti, porque eres su hijo y le importas.

Quizás desconozco tu realidad y las situaciones que estás pasando, pero me gustaría que medites brevemente en los siguientes versículos, son bastante conocidos, pero guárdalos en tu corazón.

«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí;
    lo protegeré, porque reconoce mi nombre.
15 Él me invocará, y yo le responderé;
    estaré con él en momentos de angustia;
    lo libraré y lo llenaré de honores.
16 Lo colmaré con muchos años de vida
    y le haré gozar de mi salvación».

Salmos 91:14-16. NVI.

Puerta Afuera

(Es un poco largo, pero puede ser lo que necesitas escuchar).

Que complicado es querer entrar a tu casa, ojalá con alguna urgencia y recordar que las llaves no están, ya sea porque las dejamos pérdidas o porque quien las maneja no estaba ni cerca. Recuerdo que antes de la era de los celulares, había que coordinar quien estaría en casa, para no quedarse puerta afuera, lo que significaba tener largas esperas hasta que llegara la persona con las anheladas llaves.

¿Cuántas veces nos hemos sentido de esta manera en la vida?

Creemos que, cumpliendo los requisitos, que haciendo todo de la manera correcta y siguiendo las normas, se nos abrirá la puerta de par en par (significa abierta completamente) y nos damos cuenta que podemos tener la puerta al frente de nosotros, pero se nos escapa un detalle, no tenemos las llaves.

Por mucho tiempo, y en serio mucho tiempo, estuve orando por una oportunidad laboral, podemos llamarle una puerta. Yo recién egresado de la carrera universitaria, con oraciones hechas a Dios, que se podrían llamar hasta acumuladas, y con otros factores que se pueden considerar como necesarios para asegurarme esa oportunidad, la puerta no se abría. Me llené de desilusión, al ver que tenía todo, solo faltaba la puerta. Sumando a esta situación, el trabajo actual no parecía ir bien y el estrés y la ansiedad hacían de las suyas.  

Pedí mucho a Dios porque me sentía en un bache o hueco emocional, sentía que mi vida giraba alrededor del trabajo y tuve muchos días grises. Decidí buscar a Dios, entregarle mi petición. Hace unos días reconocí que mi petición se basaba solamente lo que yo quería, sin considerar con disposición su voluntad, en ese momento le pedí que me llevará a un lugar donde fuese a ayudar personas, con un deseo de pedir algo más allá de mi petición un poco egoísta.

Un día después, me estaban anunciando, que había sido elegido para una posición laboral en la que estaba llevando un proceso.

Te cuento toda esta historia, para afirmarte que sin importar tu contexto hoy, ¡sí!, con todo eso que carga tu mente y te desvela, Dios tiene el poder para abrirte la puerta.

¿Por qué no lo hace ya? No lo sé, pero puedo asegurar que es porque hay un plan, un buen plan para tu vida.

Todo lo vivido en el pasado, no se va a comparar con lo bueno que viene cuando se abra la puerta que deseas.

Salmos 126:5.

Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.

Contentos.

Vivir con una perspectiva de agradecimiento nos permite disfrutar de libertad interior, no es ser conformistas sobre nuestros sueños o deseos, más bien es reconocer todas las bendiciones que tenemos hasta el día de hoy y saber que Dios traerá más, pero en esa espera podemos tener una actitud de contentamiento, o en algunos casos hasta reclamo, por no recibir lo que deseamos en el momento que consideramos oportuno. Personalmente me parece que este mundo se ha transformado en un lugar donde se insiste en enfocarse en lo que hace falta. Los comerciales nos estimulan a comprar lo más nuevo, lo más chic, lo que todos tienen, o incluso hacer pensar que es lo que todos buscan. Nos hacen creer que si compramos lo que nos ofrecen estaremos bien con eso, pero luego nos hacen ver que ahora se requiere un cambio, porque el servicio/producto tiene una última versión mejorada. Hemos adoptado esa mentalidad, también en nuestra fe, pensamos en algunos momentos que nos hace falta algo, e incluso la sociedad se empeña en hacer ver lo faltante y no todo lo que ya tenemos.

Un ejemplo de esto lo podemos ver en la vida sentimental de una persona, si es soltera dicen que le falta novio, si es un matrimonio, faltan los hijos, si tiene un grado universitario A, ¿Por qué no buscar el grado B?

Me parece que la libertad como resultado del contentamiento no tiene precio, porque reitero, no es que nos impide obtener lo mejor o es una postura conformista, es que produce satisfacción no solo al recibir lo deseado, sino mientras se está esperando.

Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.»

Hebreos 13:5

Lo que viene.

Humanamente nos genera incertidumbre lo que está por venir.  Queremos saber lo que sucederá, como sucederá y cuando sucederá. Nos produce estrés y ansiedad, el no estar preparados para lo que viene.

¿Qué está por venir? ¿Cómo superare la situación difícil? ¿Estaré solo? Hay muchos pensamientos que nos pueden llegar a la mente cuando se trata de nuestro futuro, la realidad, es que desconocemos que pasará mañana. Por esa misma razón Jesús nos dijo que debíamos vivir un día a la vez.

Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy. Mateo 6:34.

Y es que cuesta bastante no pensar en el mañana, pensamos en que comeremos, en la forma de cómo nos vestiremos, si encontremos a la persona correcta o no. Hay miles pensamientos que vienen a nuestra mente, no soy científico, pero creo que muchos de ellos tienen una connotación de pregunta.

En nuestro futuro hay incertidumbre, pero tenemos esta promesa: Pues yo sé los planes que tengo para ustedes—dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11

En el futuro no todo saldrá al cien por ciento como deseamos, ¿Por qué?

Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos—dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Isaías 55:8.

¿Qué seguridad tenemos entonces?

Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Romanos 8:28

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